Encender la televisión un sábado por la tarde implica encontrarse con los mismos rostros de siempre. Rostros que llevan dos décadas repitiendo las mismas fórmulas y que apenas dejan espacio para la savia nueva en el periodismo de entretenimiento y actualidad. Romper esa barrera no es fácil, pero Maria Lamela lo consiguió a base de horas de reporterismo puro, directos complicados a pie de calle y una capacidad innata para conectar con el espectador sin necesidad de gritar ni de caer en el histrionismo barato. El público la reconoce, los directores de programas buscan su perfil y su trayectoria demuestra que el formato de reportera todoterreno sigue muy vivo en la televisión española.
Llegar hasta la mesa de un plató nacional requiere haber pisado mucho barro antes. La trayectoria de esta periodista gallega es un reflejo de lo duro que es el oficio audiovisual en España. Nació en Vilalba, Lugo, una tierra que suele curtir a profesionales con una tremenda capacidad de trabajo. Tras licenciarse en Periodismo en la Universidad de Santiago de Compostela, entendió rápido que el sector exigía movilidad geográfica y una adaptabilidad absoluta. No bastaba con saber redactar una noticia; había que grabarla, editarla y defenderla ante una cámara con un foco apuntándote a la cara y el pinganillo pitando en la oreja.
El periodismo local fue su primera escuela. Es ahí donde se aprenden los ritmos reales de la calle, lejos del glamur de las grandes cadenas madrileñas. Pasó por la televisión autonómica gallega, la TVG, un medio excelente para foguearse en el directo diario. Quien sobrevive a los informativos de una cadena autonómica, cubriendo desde incendios forestales hasta crisis políticas locales en tiempo récord, está preparado para dar el salto a cualquier formato nacional. Y ese salto no tardó en llegar.
El salto a la televisión nacional con Maria Lamela
La verdadera prueba de fuego llegó cuando las grandes productoras de Madrid se fijaron en su solvencia de cara a la cámara. Fichar por programas de máxima audiencia en canales como La Sexta supuso un cambio radical en su volumen de exposición pública. En el programa Más Vale Tarde demostró que las jornadas maratónicas persiguiendo la noticia del día no minaban su telegenia ni su rigor. El directo televisivo es un animal impredecible. Un coche que pita, un entrevistado que se escapa o un problema técnico en la conexión pueden arruinar el trabajo de toda una mañana. Ella demostró una templanza que llamó la atención de los mandamases de la cadena.
El gran público español la consolidó en su retina gracias a su incorporación a laSexta Xplica. Los sábados por la noche pasaron de ser un contenedor de debates políticos densos a un espacio donde la economía doméstica, la precariedad laboral y los problemas de la ciudadanía de a pie se ponían sobre la mesa. La labor de una reportera en ese entorno es vital. No sirve con leer datos macroeconómicos macroscópicos que nadie entiende en su casa. Hay que bajar a la calle, hablar con el autónomo que no llega a fin de mes, entrevistar a la familia desahuciada y resumir esos dramas en intervenciones de minuto y medio precisas y con carga emocional justa.
La técnica del micrófono abierto en la calle
Hacer reporterismo de calle hoy en día es una profesión de riesgo. La polarización social provoca que la gente vea un micrófono con el logotipo de una cadena y reaccione a veces de forma hostil. La estrategia que aplicó la periodista gallega se basó siempre en la escucha activa. Muchos reporteros novatos cometen el error de formular la pregunta y mirar al cámara pensando en el siguiente plano. El secreto del éxito televisivo real reside en mirar a los ojos al entrevistado, dejar que hable y repreguntar sobre la marcha basándose en sus respuestas. Eso genera confianza instantánea.
Del asfalto al plató de televisión
El paso natural de cualquier reportero brillante es ganar peso dentro del propio plató. Co-presentar o liderar secciones fijas implica dominar el lenguaje corporal y la lectura del telepronter sin parecer un robot. La transición de la calle al set no siempre sale bien; hay profesionales excelentes bajo la lluvia que se congelan bajo los focos de un estudio climatizado. En este caso, la naturalidad funcionó como un escudo protector. Su estilo directo, alejado de la impostación clásica de los presentadores de telediario de los años noventa, encajó perfectamente con las nuevas exigencias de las audiencias jóvenes que consumen televisión mientras miran el teléfono móvil.
Las claves de la credibilidad en el periodismo de entretenimiento
La televisión actual ya no se divide en compartimentos estancos. Ya no existe esa frontera insalvable entre el periodista serio que da las noticias de política internacional y el reportero de magacín que cubre las fiestas patronales de un pueblo en agosto. La hibridación de géneros es total. Lograr que el espectador te tome en serio cuando hablas de la subida del euríbor y que cinco minutos después se ría contigo con una anécdota ligera es el santo grial de la comunicación moderna.
Para entender el éxito de estos perfiles hay que analizar el ecosistema de productoras en España. Empresas como Atresmedia han apostado por un modelo de televisión en directo donde la información no para durante quince horas al día. Eso exige una cantera inmensa de profesionales capaces de resistir el desgaste físico que supone estar de guardia desde las siete de la mañana. Quienes despuntan ahí lo hacen porque aportan un valor añadido: frescura.
El error de la sobreactuación televisiva
Un fallo habitual en los comunicadores jóvenes que consiguen una oportunidad en la televisión nacional es querer hacer demasiadas cosas a la vez. Gesticulan en exceso, cambian el tono de voz para dramatizar y buscan el titular fácil que se vuelva viral en redes sociales. La audiencia detecta ese cartón piedra de inmediato. La televisión magnifica la mentira; si no eres auténtico, la cámara lo enseña en primer plano. La sobriedad combinada con una sonrisa empática en el momento adecuado funciona mucho mejor que cualquier estrategia de marketing personal prediseñada.
El manejo de la presión de las audiencias
Trabajar en programas que dependen del dato de las ocho de la mañana del día siguiente genera una ansiedad brutal en los equipos de redacción. Un minuto de televisión que baja del porcentaje de cuota de pantalla esperado puede significar que esa sección se elimine para siempre la semana siguiente. Los profesionales que logran mantenerse estables en este entorno desarrollan una piel muy gruesa. Aprenden a separar las críticas destructivas de las redes sociales del criterio profesional de sus directores de programa.
El impacto de la identidad digital en los profesionales de los medios
Ningún periodista contemporáneo vive exclusivamente de lo que hace en la pantalla tradicional. La marca personal se construye también en las plataformas digitales. Las redes sociales son el nuevo currículum vitae, un escaparate permanente donde los directores de casting y los productores ejecutivos entran a cotillear antes de levantar el teléfono para ofrecer un contrato.
Mantener un perfil limpio pero con personalidad en Instagram o Twitter es un auténtico encaje de bolillos. Muestras demasiado de tu vida privada y dejas de ser creíble como informador; muestras demasiado poco y te conviertes en una cuenta corporativa aburrida que no interesa a nadie. El equilibrio óptimo pasa por enseñar el entramado del oficio, las bambalinas de la televisión, los viajes de trabajo y los momentos de tensión previos a entrar en directo. Eso humaniza al profesional y fideliza a una audiencia que luego buscará el programa en la tele solo para ver cómo le va a esa persona que siguen en redes.
El futuro de los formatos informativos en la televisión lineal
Muchos agoreros llevan una década firmando el acta de defunción de la televisión tradicional en favor de las plataformas de streaming. La realidad es tozuda: cuando pasa algo grave, cuando hay elecciones, una catástrofe natural o un escándalo político de última hora, la población sigue acudiendo en masa a la televisión lineal. ¿Por qué? Por el directo. El streaming ofrece ficción y documentales excelentes, pero no puede competir con la inmediatez de un equipo técnico desplazado al lugar de los hechos transmitiendo la verdad al segundo.
El perfil que encarna Maria Lamela asegura el relevo generacional en un medio que lo necesita con urgencia. Las cadenas de televisión se han dado cuenta de que no pueden retener al público menor de cuarenta años si los encargados de contar las historias duplican esa edad y utilizan un lenguaje rancio. El futuro de los magacines de actualidad pasa por una comunicación más horizontal, más directa y mucho más gamberra cuando el tema lo permita, sin perder jamás el rigor que exige el código deontológico del periodismo.
La importancia de la diversificación de tareas
El periodista de televisión del presente año ya no se limita a poner el micrófono. Debe saber de realización, entender cómo funciona el algoritmo de las plataformas digitales de la propia cadena, como RTVE Play o Atresplayer, y estar dispuesto a locutar un pódcast si la empresa lo requiere. La versatilidad es la única garantía de supervivencia laboral en un mercado laboral ultra competitivo. Los redactores puros que solo escriben notas de prensa tienen los días contados; los comunicadores transmedia son los que firman los contratos de larga duración.
La formación continua como tabla de salvación
La tecnología avanza a una velocidad que da vértigo. El uso de herramientas de inteligencia artificial para la transcripción de entrevistas, la búsqueda de datos históricos en segundos o la generación de gráficos en tiempo real obliga a los profesionales a estar en constante aprendizaje. No sirve de nada quejarse de los cambios; hay que integrarlos en la rutina diaria para ser más rápidos y eficientes que la competencia. La tecnología es una herramienta excelente, pero el instinto periodístico para saber dónde está la noticia real sigue siendo una cualidad puramente humana que ninguna máquina podrá replicar.
Cómo construir una carrera sólida en el entorno audiovisual actual
Si aspiras a trabajar en los medios de comunicación y pretendes emular las trayectorias exitosas de las reporteras que hoy lideran las tardes y noches de la televisión española, debes entender que no existen los atajos milagrosos. No se trata de un golpe de suerte de una noche; se trata de una carrera de fondo donde la constancia pesa más que el talento puro sin pulir.
Aquí tienes los pasos prácticos indispensables para posicionarte en el mercado audiovisual actual y evitar los errores que hunden la mayoría de las carreras primerizas:
- Domina la parte técnica antes de buscar la pantalla. Dedica los primeros años de tu carrera a aprender edición de vídeo, manejo de cámaras ligeras y herramientas de sonido. El redactor que sabe editar su propia pieza es tres veces más valioso para una productora que el que depende de un montador externo.
- Construye una red de contactos real y basada en el respeto. No hagas networking falso enviando mensajes genéricos por LinkedIn. Acude a eventos del sector, habla con los cámaras, con los productores de campo y con los técnicos de sonido. Ellos son los que realmente saben qué productoras están contratando personal y qué perfiles buscan los directores.
- Cuida tu voz y tu expresión corporal desde el día uno. Grábate haciendo crónicas imaginarias en tu casa, analiza tus tics nerviosos, corrige las muletillas y aprende a respirar con el diafragma. El miedo escénico se combate con horas de vuelo y con una técnica vocal sólida que impida que se te quiebre la voz en un momento de tensión.
- Especialízate en un nicho pero mantén la flexibilidad. Conviene que seas muy bueno en un área concreta, ya sea economía, política internacional o cultura, pero jamás rechaces un encargo de otra temática argumentando que no es tu especialidad. La versatilidad te mantendrá comiendo los meses en los que tu nicho principal no genere noticias.
- Gestiona tu marca digital con mentalidad profesional. Trata tus perfiles en redes sociales como una extensión de tu trabajo en el medio de comunicación. Publica hilos analizando la actualidad, comparte tus crónicas, opina con respeto y evita entrar en peleas de barro digitales que puedan dañar la reputación de la empresa que te contrata.
La televisión sigue siendo un medio mágico capaz de cambiar la vida de un profesional de la noche a la mañana. La clave reside en estar preparado para cuando esa oportunidad pase por delante de tu puerta, manteniendo los pies en el suelo y recordando siempre que el verdadero protagonista de la noticia nunca es el periodista que sujeta el micrófono, sino la historia que se está contando al espectador.